octubre 23, 2009

Midwinter Graces // Tori Amos


[letras | caratula HD | 320 kbps | 123 mb]

"Long ago the earth lay sleeping
Waiting for the darkest night
To bring with it the dove of peace
Rising on the wings."

Todos lo sabemos, sin siquiera pronunciarlo: la Navidad es todo menos frivolidades mercantilistas, Santa Clauses en la ventana y sexo bendecido con muérdago cubiertos con esperanzas infantiles. Cada quien acepta deliberadamente que, contrario a lo que tengamos que hacernos tragar, la Nochebuena no es el enaltecimiento de los espíritus, ni la reafirmación de nuestra hermandad, ni los buenos deseos en tarjetas de ocasión. Los tie-ín con X-MAS tatuado se transforman en el Santo Grial de la población economicamente activa, y en el sueño húmedo de los Oliver Twists del mundo.

Hace ya un año, cuando Sarah Brightman lanzaba su aceptable y empalagoso A Winter Symphony (2008), su pagina web proclamaba “todo gran artista ha lanzado un disco navideño en su carrera”. Inevitablemente, me inquietaron preguntas escalofriantes. ¿Peter Murphy guardaria demos de su cover a Jingle Bells? ¿Slash escupió alguna vez guitarrazos a ritmo de Silent Night? ¿Björk, con su digna resistencia al ridículo, se habrá puesto en las narices de Rodolfo El Reno? ¿Existira acaso una opera rock donde Roger Waters haga de un Papa Noel cocainomano?

Seamos honestos: a excepción de Bob Dylan, Motown y Alvin And The Chipmunks (porque debe ser difícil ser roedor y soportar a las disqueras), nadie en pleno uso de sus facultades mentales lanza un disco navideño. Pero, todos lo sabemos, es Navidad. El único momento del año para pecar cual sodomitas con la excusa mas ridícula que pueda decirse por 365 dias.

Desde luego, Tori Amos no es ni por asomo una persona normal. La astucia inteligente, una voz tan dulce como desgarradora, piernas abiertas y letras sobre leopardos, dioses insuficientes y lesbianas bastan para alzarte unos centímetros sobre el sucio mundo terrenal. Concesiones aparte al considerarla la mejor artista sobre la tierra, no pude evitar un tremulo estremecimiento al leer que Midwinter Graces (2009), su onceavo album de estudio, seria una compilación de sus villancicos favoritos. ¿En verdad basta la nostalgia de su juventud en la iglesia de su padre como excusa para lanzar un album que pide a gritos una partícula de atención?

Su anterior obra, el ligero y digerible Abnormally Attracted To Sin (2009) no consiguió el éxito esperado, y nuevamente, las voces del orbe se alzaron anunciando una probable muerte artística. Visionar a Amos entre nieve y panderetas no es siquiera la sombra de un fénix entre las cenizas. Afortunadamente, Tori, la logica y yo nos equivocamos, y el resultado es, a lo menos, espectacular.

Midwinter Graces es el mejor disco “navideño” que haya escuchado. Facilmente podría caer en los sitios comunes, pero el gran acierto es su auto-negación: nunca pretende ser navideño. En medio del frio invernal, los villancicos deberían tener un gusto a chocolate y tibias chimeneas. Tori se ha sacudido los prototipos de una cultura clasicista, varias cadenas de corcheas, y entrega un viaje de tintes épicos, trágicos e ilusorios, propio de sus mejores piezas, a ratos escrito con sangre santa, a ratos con una delicada caligrafia donde el invierno es paradoja de la muerte, los amores fragiles, y el ultimo pestañeo antes de dormir.

Ya desde la soñadora What Child, Nowell, su piano se desplaza con gracia desde Israel a los bosques irlandeses, cediendo aquí y alla ante un clavecín dramático, violines célticos y percusiones atrevidas que remiten a los tiempos de Boys For Pele (1996). Sobre la falsa nieve, Tori sopla aires medievales en la poetica Candle, o la rescatable Jeanette, Isabella; la Myra Ellen de siempre emborrona sus propias huellas en en Star Of Wonder o Harps Of Gold (inolvidables sus torpes “Gloria in excelsis Deo” a ritmo de rock); una tiernísima pasión en Snow Angel, o ese abrupto artificio big-band en Pink And Glitter.

Pero, al igual que el tercio inicial de American Doll Posse (2007), es la triada final de canciones la que dicta un epilogo tan majestuoso como emocionante. En las lineas de la elemental Emmanuel se adivina esa fuerza musical que deja a sus genéricos competidores como aficionados, una nostalgia victoriana que sabe a gloria, una gloria que congela. Winter's Carol: gélida, impactante y gótica. Una reina de la oscuridad, danzante, expira sus secretos sobre en de las mejores composiciones de Amos en años. El punto fuerte de Midwinter..., un climax catártico que arranca el aliento, devuelto en un beso con Our New Year, creación primaria donde la esperanza y el porvenir emergen por si solas. Tori convierte los segundos finales de su nueva obra maestra en un helado mar de emociones, haciendo atemporal lo temporal, lo exacto en el goce de lo inexacto, de la incertidumbre...

...¿Y si nos cediéramos un respiro? ¿Y si en vez de Nochebuena, ajeno a toda categoria, quemamos el árbol y buscamos ángeles entre las llamas? ¿Y si, en vez de ese juego de mentiras envuelto en papel celofán de 24 horas, nos regaláramos un saludo eterno? Midwinter Graces no tiene las respuestas, pero si un eco que ningún Adeste Fidellis monocromático puede superar. Porque es Navidad, y todo se perdona.

tracklist:
01. What Child, Nowell
02. Star Of Wonder
03. A Silent Night With You
04. Candle : Coventry Carol
05. Holly, Ivy And Rose [feat. Tash Amos]
06. Harps Of Gold
07. Snow Angel
08. Jeanette, Isabella
09. Pink And Glitter
10. Emmanuel
11. Winter's Carol
12. Our New Year

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Primer blog en castellano (creo) en hacer una subida en toda regla. Buscar las líricas fue mortal, esperar por el album peor. Pero fui recompensado con Winter's Carol, la hostia de cualquier santo. El 11 de noviembre es el lanzamiento oficial...

Es Tori Amos, damas y caballeros.
Mi madre, maestra y majestad.
Live it.

octubre 19, 2009

The Big Machine // Émilie Simon


[ letras | caratula | 320 kbps | 90 mb ]

"And the sky's burning down once again
The sky is a flame and you're not the same"

Francia no seria nada sin sus voces. Esas que devoran el alma de generaciones con sus dientes de soprano y sus trinos legendarios. No hay ser vivo que falte a su cita con París al escuchar a Edith Piaf. Cualquier recatado puede sentirse ofendido con un cavernoso Serge Gainsbourg y sus masturbaciones auditivas. La injustamente olvidada Frehél emergió de un mar de lagrimas para ahogar a Ámelie, y Sinatra ardió en las vocales de Charles Aznavour. Siendo realistas, y sin ser idealistas, no hay nada mas francés que la Música, no hay nada mas musical que las mujeres francesas, y no hay nada mejor que una mujer francesa, excéntrica y con hilachos de electrónica en su atuendo de demodé.

Émilie Simon es eso y mas. Es francesa, fémina y ama la electrónica. Pero algo mas... Quizás en su propuesta contenida, suave y acaramelada escondiendo sombras de extraños vertices, quizas en su voz infantil, suave y tipicamente gala que se antoja como un arrullo, quizas en sus historias de amores homicidas, flores vivientes y una comoda tristeza. Quizas en su decidida intención de convertir los sintetizadores y las variaciones MIDI en la chanson del futuro, sin desprenderse de un clasicismo exuberante y europeo.

Con 31 años cumplidos, algunos tantos como multinstrumentista, y seis de prolífica carrera, Émilie es de esas artistas que no dejan indiferente, de esas que renacen cuando se les antoja, que renacen en cada escucha, que te cogen de la mano por caminos donde la luz y la oscuridad se debaten la mirada. Tras la corriente de rockeras eventuales y despechadas, Émilie se permite susurrar y corroer cuando le entre en gana, convertirse igual en hada que en súcubo, pinchando, cantando y haciendo de su trabajo un goce personal y humano.

Desde su homónimo Émilie Simon (2003) quedó firmado su particular estilo: viajes melódicos a traves de paisajes dolorosos y atrevidos, un trip-hop nebuloso entre instrumentaciones graciosas, experimentos aprendidos de Björk y Tricky, refrescantes oleadas de un pop mas barroco a lo Arcade Fire, las atmosferas mas etéreas del synthpop tradicional. Un sonido heredado de la chanson francesa con la bendición de las nuevas tecnologias. Désert, Il Pleut, Chanson De Toile y el sensual cover a I Wanna Be Your Dog levantaron las cejas y aplausos de sus atónitos oyentes.

En sus liricas, personales y amables, se asomaba la medula de Végétal (2006), album que borra la linea entre concepto y ejecución. Tras el injustamente ignorado soundtrack de La Marche de l'Empereur, Émilie rebusca en su bagaje sus sueños favoritos, y conforma un trabajo donde explora el mundo floral, cantando a coro con plantas que prestan sus voces incoherentes, entre loops rítmicos, campanas y fragmentos de cristal, a un trabajo magnifico. Se antoja al Vespertine de Björk sin esa angustia glacial, a un libro entre cuyas hojas se asoman pétalos marchitos, con sed de vivir para un cuento más.

Como si sacara de si ese animo viajero, Émilie cruzó un oceano hasta New York, donde, en sus propias palabras “empece a soñar en ingles”. Así, la genesis de The Big Machine (2009) era inevitable, desprendiéndose de un acento, un destino insondable y su amada Francia. Y de paso, girando en redondo a un estilo mucho mas puro, exacto y factible. The Big Machine se despide del downtempo suave, acogiendo un electropop excesivo, colorido y repleto de matices. Emilie se maquilla de Goldfrapp, y se acerca descarada y peligrosamente a Kate Bush. Y es que, desde el primer corte, Emilie no suena sino exactamente idéntica a la Bush, a esa bella criatura que entonara Wuthering Heights. Pero a diferencia de la británica, la francesas no esta interesada en reflexiones filosóficas y retorcidas. El jugueteo en The Big Machine es un placer que Simon acepta gustosa, llenando de una misteriosa energia su sonido sintético y elaborado.

Sorprendida y abrumada ante una nación que corrompe en sus inagotables modos, influenciada por la radical innovación artística de Laurie Anderson, Emilie mira el lado amable, y en sus letras se refleja su insaciable curiosidad, sus ojos en constante sorpresa, videando barrios, nombres, personas y personajes. Como su nombre dicta, una enorme maquina donde cada engranaje es ajustado para conformar un mecanismo lúdico y bailable, lleno de grooves y tintineos, canciones donde la constante es el descubrimiento, la exploración y los desafios; agregando al combo trompetas, cellos, y logrados pianos de juguete.

Simon alcanza octavas excitantes en la bizarra Dreamland, presume una de sus facetas mas oscuras con Chinatown, salta a un juego de niños con Rocket To The Moon, y, lanza un suspiro primitivo con The Cycle, y en la selvatica This Is Your World lanza una feliz e ilusionada sentencia, convirtiéndose en la mas bella pieza de la que Francia puede enorgullecerse.

tracklist:
01. Rainbow
02. Dreamland
03. Nothing To Do With You
04. Chinatown
05. Ballad Of The Big Machine
06. The Cycle
07. Closer
08. The Devil At My Door
09. Rocket To The Moon
10. Fools Like Us
11. The Way I See You
12. This Is Your World

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Un candy ear como pocos. Hace un par de dias extrañaba a Émilie. Hoy, Emilie ocupa su lugar como la artistas pop que todas esas estrellas de quince minutos deberían envidiar. Rocket To The Moon, directo a mi playlist de gomitas y chocolates. Dreamland, en video, para sonrojar a Max Ernst. Live it.

octubre 18, 2009

Roll With The Wind , Funny Little World // Alexander Rybak


Mi tímida admiración a Alexander Rybak (igual que muchos otros desubicados) se antepone a su pose cuestionable. Envidio la naturalidad de su violin. Aprecio su genuina inocencia ante una industria voraz depredadora. Caigo a sus pies en su mezcla de folk, pop y cuantas cosillas luminosas le atraviesen por la cabeza.

Ahora, su pose cuestionable... Siendo guapo, no puede despegarse de su cara cumshotera y sus movimentos que le dejarían a Anna-Varney el ojo cuadrado. En cada aparición publica parece haber esnifado azúcar para llenarse de una alegria psicótica que Willy Wonka envidiaría. Su imagen esta tan ensayada que nunca se desprende del chaleco negro, polera blanca y la expresión de cachorro solitario. No hace falta detestar el mundo con todas sus letras, ponerte disfraz de emo y arremeter a la vida con cuerdas, como Wolf, pero esa felicidad rayana en lo infantil no es tan saludable.

Ya en este post me referia a su debut, Fairytales, como un disco genuino, salpicado del necesario espíritu Eurovision del que nunca podrá despegarse (hola, Celine Dion...). El videoclip de su exitosísimo (y... adorable) Fairytale es la perfecta muestra de los limites de la vergüenza ajena. Un video mediocre, casi de humor negro, mero escaparate para una canción que lo deja como trailer de serie Z. Bendito sea, todos tenemos una segunda oportunidad. Superada la euforia tántrica de su éxito en televisión, Alexander parece tomar las cosas con calma, realizando los videoclips para su siguientes sencillos...

Roll In The Wind, dirigido por Bård Røssevold, supera considerablemente a la basura en Fairytale, incluso a nivel lirico con textos mas inteligentes y sobrios... sin embargo, cae en los sitios comunes, luciendo mas como promo turistico de Noruega para una aerolinea o anticlimático final a lo Nancy Meyers. Aun asi, el aire juguetón e improvisado que suspiran sus canciones impregna cada fotograma, y en un acto de dios, se cambia los jeans por una vez en su trayectoria.



Funny Little World, realizado por la compañía Ligistfilm, es una pequeña joyita que no debería pasar por alto. Si bien desde el primer segundo parece remake de Sweetest Thing, de U2, la influencia estética de Michel Gondry, con sus dejos artesanales, suma puntos a un trabajo equivalente a una caja de chocolates. Rybak en un solo encuadre ,echa flores a la vida y suelta toneladas de miel recorriendo campos, caminos y calles tan preciosistas que dejarían a Oz como un paseo de cuarta.



Funny Little World me alegró un dia helado.
Si subo a Émilie Simon al rato, cumpliré mi buena acción del dia. Live it.

octubre 17, 2009

nuevas relíquias...

Hacer arreglos desde cero a un blog, levantarme el autoestima, bajármela por culpa de un jodido violin checo y salvar a la porrista es demasiado extenuante para un solo ser humano de amorfa capacidad intelectual. Agreguemos la ausencia de mi bienamada computadora durante su iluminación espiritual, reemplazada por un televisor de 16 pulgadas donde me deshice las ultimas neuronas con insanas dosis de Nickelodeon... Ni Odiseo la tuvo tan difícil.

Apenas recupere los estragos de mi alma (chupame esta, Manzanero), busque los últimos albumes que habían llegado al mundo sin la aprobación de este humilde servidor. Ahora bien... mi aprobación no es necesaria para hacerlos estupendos albumes, pero si para lanzarles unos cuantos jitomates...



Primero llegó la dulcísima Émilie Simon, esa francesa de voz juguetona y beats encantadores que, desde la ciudad del Amor, sonaba a Jane Birkin adolescente-en-ácidos. Dos albumes y un soundtrack después, recibimos The Big Machine (2009), pomposo titulo para una grabación que sorprende en su transición del francés al ingles, de un trip-hop delicado a un descaradísimo electropop, ergo, en un detalle que quizas solo a mi podria importarme...

La voz de Simon no es semejante, ni cercana, sino aterradoramente idéntica a la de Kate Bush. En algún momento me sentia escuchando The Kick Inside versión Studio 54. ¿Donde quedó esa característica y tipicamente gala tesitura? Solo Nous sabe, quizas en el mismo sitio donde Émilie dejó esa intimidad surrealista para acogerse a la grandilocuencia de las maquinas de ritmo. A veces es mejor quedarse en tus casillas que arriesgarte. Con joyitas como Dreamland o la divertida Rocket To The Moon, The Big Machine supera la prueba, pero extrañó con todas sus letras y flores a la Émilie romanticista y fresca.



Rammstein no se queda atrás. Liebe Ist Für Alle Da (2009) proclama su nueva placa, y yo pienso que el amor se lo guardaron en sus portes pseudo-anarquistas. El amor se terminó con el inmejorable Mutter (2001), el ultimo amasijo de caricias que los alemanes cedieron a sus admiradores. Desde entonces, ninguno de sus albumes ha pasado de ser una generosa escucha, y por el contrario, se convierte en neto copy and paste de lo que alguna vez fueran los señores del tanz metal.

Liebe Ist... no es la excepción, y ya desde los primeros acordes se adivina al mismo y repetitivo Rammstein: al dedillo se auto-plagian los riffs, los coros decorativos, las polemicas forzadas (¿sexo explicito en Pussy? ¿canibalismo en la portada? ¿alguien dijo death metal?). No, no es un mal disco, en realidad es un gozoso lanza-melenas que le patea el culo a cualquiera, pero... que tiempos aquellos cuando el BDSM y la polemica eran un secundario, cuando, antes que los discos de platino, estaban temazos como Du Hast o Sonne, cuando Apocalyptica les hacia de teloneros y Gottfried Helnwein la estética. Solo un tema rebasa las expectativas: Fruhling In Paris, con su relativa carga armónica, y en la linea de un Seeman, es una lección a esos metaleros que entienden dulzura por obscenidad.



En el polo opuesto a la torpe innovación o los reciclados de B-sides, Editors asoma In This Light And This Evening (2009). Y, antes que nada, decir que probablemente yo sea de los pocos seres vivos que defienda este disco. Si, me ha encantado. Contrario a lo que he leído en los foros, el sustancial giro a su sonido ha caído como una bendición a una banda sedienta de renovarse tras dos previos y gloriosos albumes. Si, es synth-rock. Si, parece Joy Division elemental y R.E.M. fantasioso. Si, tiene tanto de fashion como escaso de indie. Pero me ha encantado. De esos albumes que no me saco de la cabeza durante meses, y al escuchar un track, me siento profano al no escucharlo completo. Un disfrutable pastiche de sintes y ritmos old-school, algo asi como el Tonight de Franz Ferdinand sin tantos delirios de grandeza.

La canción homónima, In This Light..., se abre paso con la misma fuerza de aire épico que sus similes oberturas (¿o sere el único que alcanza un orgasmo inconsciente con ...At The Hospital Doors?) Tom Smith se escucha tan vivo como siempre, los platos de de Lay sensuales como nunca, Urbanowicz en sus teclados cual Prospero rockero. Sea acaso que adoro la electrónica, sea acaso que estoy harto del indie rock soso, adolescente y desenfadado, como si hacer Música fuese un hobbie y no un proceso vital. Editors se sacude etiquetas y parece 5 años mas joven, y de no ser por un par de baladas absurdas, In This Light... seria la proeza fresh del año.



Montados en la nueva ola post-punk, Black Poets son los guapos novatos ingleses que depositan en Innocents And Thieves (2009) una fastuosa amalgama de Interpol, Ian Curtis y filosofia light. Facilmente podría tratarse del album-prototipo de unos veteranos, sin perder esa esencia y pureza digna de cualquier debut, ya no digamos esa portada emocionante y merecedora de cualquier elogio antes de poner [play].

El vocalista Gerard Lecain es demasiado “quiero-ser-Paul-Banks”, las guitarras suenan a The Cure-anti-gótico, y sus atmosferas tienen un aroma agridulce a Unknown Pleasures. Y en cualquier caso, se las ingenian para escucharse inteligentes y novísimos. Alli esta la herencia punk, el rudimentario toque neoyorquino, los versos difuminados que todos conocemos. Los métodos son los mismos, pero los ejecutantes han cambiado. El primer single, Mistakes, podría pasar por clásico ochentero, y en otras paradas, como Amnesty y You Fade Away se respira esa emoción pre-lacrimógena que todos deberían abusar. Black Poets es un cuarteto de virtuosos chapados a la antigua que se niegan a envejecer en 79 minutos.

Los albumes, aquí en Comforting Sounds, este finde (si Skynet asi lo desea). He dicho. Live it.

octubre 15, 2009

Third // Portishead

[letras | caratula | booklet | 320 kbps | 116 mb]

"I saw a savior
A savior come my way
I thought I'd see it
In the cold light of day"

Hablar de Arte es hablar de creación y destrucción a proporciones inversamente semejantes, de genialidad sufrida y mediocridad aplaudible. Hablar de Música es hablar de un largo y tortuoso camino que desemboca en ocio cotidiano dentro de una nube de alcohol y toxina, una corona de espinas hecha de vinilos y Eleonor Rigbys que dios no logro deshacer. Hablar de trip-hop es hablar de un genero controversial, amado, odiado, reverenciado y menoscabado.

Hablar de Portishead es hablar de Arte por el Arte, de Música por Música, de acción y reacción en una triada de renacentistas nacidos en el grisáceo Bristol en los 90s. Es hablar de un proyecto efimero y legendario que ha costado sangre y lagrimas, de un culto sistematico vertido en los oidos de una decada imposible y sangrienta, de una breve trayectoria que significa el ultimo parteaguas en la Música posmoderna.

En Portishead se unen lo experimental y lo old-fashioned, los ritmos selváticos con el jazz de antaño, las vibraciones industriales con los soplos electroacústicos, la voz sangrante sobre un hueco escenario engalanado con todos los placeres y pecados que un artista digno de serlo nunca se ha permitido. Los polvorientos teclados de un maduro y sabio Geoff Barrow, los beats de un joven y silencioso Adrien Utley, y la enigmática, huraña presencia de Beth Gibbons. Una elaborada, brechtiana puesta en escena que no soportaría la magnitud de sus propios golpes.

Viendo la luz en un atípico cortometraje donde se las daban de histriones, To Kill A Dead Man, a ritmo lento pero seguro dieron sus primeros pasos con Dummy (1994). Insólito, insolente e innovador. Hip-hop lacónico con alientos épicos que entraba en un oído para no salir jamás. De escucha amigable y fuerza inolvidable, dejaría a la posteridad el bíblico Wandering Star, el crudelísimo blues Glory Box y una naciente linea de fanáticos estrictos.

Gateando y balbuceando, llegaron a Portishead (1997), Poco tenia que ver el grandilocuente aire de big-band electrónica con las atmosferas drone de Massive Attack, proyecto con que el acusado trip-hop les involucraba. Beth transitó con gracia natural de los acid scratchs ingleses al flamante y neoyorquino cabaret que marcó punto y aparte con All Mine, y agregó un aterciopelado paréntesis con Only You. El trio fue recibido a la derecha de dios en asientos de primera, pero dios les mostró los dientes.

Los grandes no duran mucho, mandamiento irrefutable: Bauhaus, Joy Division, Nirvana... Ni siquiera The Beatles soportaron su gloria y egos mas de una década. Sea acaso que las mentes brillantes son polos idénticos que, dolorosamente, se repelen. Portishead no escapa a la condena: dos albumes en solo cuatro años antes de evaporarse de la faz terrestre, mas allá de las sombras que ellos mismos edificaron. La aparición del innecesario (mas estupendo) Roseland NYC (1998) significó el coma inicial que, por mas de diez años, contuvo el aliento de los ingleses, asomando episodicamente en recopilación o en proyectitos memorables que no se superaron a si mismos.

Se ha dicho que la tercera es la vencida... Third (2008) sera recordado quizas como uno de los retornos mas perfectos y misericordes jamas escuchados. Lo que meses atrás parecia un neto rumor volcado en extrañas y punzantes canciones desembarcó en 11 tracks, ni mas, ni menos, de una manufactura tan precisa, tan escrupulosa y delicada, que algún barroco calificaría de satánico. Portishead siglo XX, convertidos en Portishead siglo XXI, derrocan el método creativo, y en su lugar, se abrazan a la muerte de sus propios paradigmas.

Third lleva la reinvención a un nivel absoluto, trazando abismos entre cada melodia: del enigmático y lo-fi opus en Silence, a la meticulosa tempestad de Threads, los vocales infinitos de Beth estallan en registros inusuales, revistiéndose por igual de Kraftwerk, Nick Drake o la misma Liz Fraser. El hueco escenario da cabida a una esperanza relativa (The Rip), la angustia progresiva (We Carry On), un free-jazz desolador (Magic Doors), los stacattos matemáticos (Nylon Smile, Plastic), y un potente himno apocalíptico (Machine Gun...). Los histriones se enjugan el rostro, y en monólogos surrealistas recuperan aquello que el tiempo y el polvo les arrebató. El telón se cierra sin mediaciones, y la voz sangrante calla, quizas para siempre, quizas veinte años, quizas lo suficiente antes de que la triada regrese timidamente, ya no como genios, sino cual dioses o monstruos.

tracklist:
01. Silence
02. Hunter
03. Nylon Smile
04. The Rip
05. Plastic
06. We Carry On
07. Deep Water
08. Machine Gun
09. Small
10. Magic Doors
11. Threads

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Cinco semanas de café internet, dos procesadores quemados, un torpe intento de suicidio y ocho cuerdas de violín despues... Regreso a mis andadas con el disco perfecto, con la canción mas sorprendente que jamás haya escuchado... Machine Gun abre los cielos y quema el corazón. Beth es alimento sagrado para el oido. Live it... nuevamente.
 
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